Archive for diciembre, 2009
LA LLEGADA AL NO PARAÍSO
dic 30
Cuando se sentó en el cuarto de baño de aquella gasolinera de un lugar sin nombre, ya en lo que creyó el paraíso, se puso las manos en las sienes y probó por primera vez el sabor de la soledad. Ese sabor duro, como las rocas que esquivó la patera que los trajo, y frío como la noche al llegar a tierra, y salado como aquel mar que quiso, sin poder, engullirlos.
De su otra vida, en aquella aldea de Senegal, poco se acordaba, a pesar de que sólo habían pasado unos meses desde que de allí salió. Algo hacía que para esos recuerdos su memoria fuera, defensivamente, frágil. Sus ya 27 años recién cumplidos le avisaban de que el futuro no podía ser lo que estaba averiguando. Era de la región de Casamance, preñada de arrozales y palmerales, muy cerca de la capital Ziguinchorch.
Su familia siempre se había dedicado a la artesanía, su padre, pero sobre todo el hermano de él, su tío, eran verdaderos maestros de estas tareas. Cuando se sentaban ante un trozo de madera y en silencio lo miraban, no sabían cómo por encanto algunos días después de él saldría algo, a veces sólo hermoso, a veces inquietante, pero siempre mágico. Era costumbre en ellos prestar atención sumisa a los susurros que de la madera salían, antes de lo que fuera a nacer fuera parido. Una gacela, un niño, un arbusto, una figura conocida o extraña, o una pequeña flor con sus pequeñas y laboriosamente labradas espinas que recordaban a los que las tocaban un difícil aprendizaje de que en la vida casi todo, por no decir todo, demanda un tributo de dolor o de desconsuelo, en un pinchazo certero de las memorias. Y cuando la figura surgía, de la nada, la gente solía visitar la casa del creador y siempre, en un lugar en el que las distracciones se suministraban con tacañería, la admiración de sus vecinos se desplegaba sin reparos y el entretenimiento era poseído por algunos instantes. Así fue como un luminoso día, después de cinco de lluvias seguidas, el tío terminó de alumbrar algo que dio que hablar durante mucho tiempo entre los vecinos. De la negra madera emergía un niño pequeño, gordito y con cara feliz, en su mano derecha tenía una pequeña bola, cuando se le preguntaba que representaba, el tío respondía que no lo sabía, que simplemente salió de sus manos y del corazón de la madera. En su mano izquierda tocaba un pequeño tronco de baobab, el árbol sagrado de los senegaleses, del que salían tres ramas mayores y una pequeñita; además de éstas, otra rama más, con una forma diferente -incluso con un tacto diferente-, se alumbraba y apuntaba sin disimulos a la base del tronco de madera que ejercía de falso suelo. Y justo en ese preciso punto, como por encanto, brotaba del suelo una cría de grand koudou, el fuerte antílope que mora por aquellas tierras. El peculiar animal miraba con cierta arrogancia al tallado niño, y el tallado niño con ternura, no descriptible, al animal. Entre ambas miradas se trazaba una imaginaria línea, y de ella emanaba una especie de luz, tenue e imperceptible, amarillenta y enigmática y sólo posible cuando la figura permanecía en la más absoluta de las oscuridades. Imaginada o desde la realidad, la luz era como de polvos finamente tamizados y cuando, tentados por la más sana de las curiosidades, alguien trataba de interrumpir tan prodigiosa conexión, ésta se difuminaba, desaparecía de manera momentánea para volver a aparecer algunos segundos después. Esa figura fue concebida para transmitir un mensaje, sin embargo todavía no estaban preparados para descifrarlo, nadie lo estaba, mientras ella gritaba en silencio su verdad.
En ese mágico mundo, rico y nutritivo, nuestro protagonista cumplió sus años, al principio en modo perezoso, y luego de forma más apresurada, sobre todo a partir de sus trece. Y de este mundo tuvo que ser despojado por unas circunstancias que pesaban como duros lastres de encontrado desconsuelo. No había futuro, ni para gente como su padre o su tío, que podían tallar aquellas maravillas, ni para el resto de los vecinos de la aldea, ocupados en sacar de la tierra o del agua, o de los visitantes oportunos, algo de lo que pudieran darles. Poca esperanza para los viejos, menos para los jóvenes. Las mujeres, por mujeres, los hombres por hombres, lo niños por proyectos de hombres y mujeres. Así que en ello tuvo que plantearse la marcha, no con alegría, pero sí con seguridad y determinación, era lo que tenía que hacer.
El futuro se le presentaba de forma incierta, pero era futuro, mejor que un presente sin salida, sin esperanza, sin consuelos y casi sin memoria. La decisión estaba tomada, pronto se enfrentaría a su nueva realidad. Una despedida, un camino, una patera, un mar, muchos miedos y una tierra prometida le esperaban.
Antes de la marcha la familia se congregó a su alrededor, siempre habían sido muy ceremoniales en este tipo de actos, pero en esta ocasión la parsimonia de los abrazos y los besos fue especialmente intensa. Empezando por sus primos, continuó por sus tíos, en especial con el hermano de su padre, luego con sus cinco hermanos, uno a uno, muy despacio, besó y abrazó a su padre, que mantuvo la compostura sin demasiados problemas. Pero el momento duro, el difícil, el que todos esperaban con desasosiego, llegó al tener que despedirse de su madre. Ya se sabe lo que es una madre, pero no se sabe, salvo que se sea, lo que significa despedir a tu hijo en estas maneras. Se aproxima hacia ella, primero con respeto, de manera lenta, pausada, pero cuando su pecho toca a su pecho, y los olores de llanto y sudor y vida se entremezclan de manera perfecta, él la aprieta con tanta fuerza que por unos instantes consiguen, sin que nadie se entere, detener los tiempos, las hojas de los árboles interrumpen su caída, el agua no murmulla en el arroyo cercano, un pájaro abre su pico para cantar pero no puede, los corazones de los vecinos de la aldea dejan de latir y sus sangres de fluir, en el encuentro de hijo y madre, de despedida aplastante, ella le dice al oído te quiero y él le dice a su mente, pues su voz está angostada de penas, que también la quiere. La besa en la mejilla y la mira por última vez desde los vidrios de sus cuencas, y mientras la lluvia pide permiso para visitar sus ojos, la tormenta se derrama sin consuelo posible en muestra impropia de un ser humano, mejor ejemplo de un dios desconsolado por ver a sus hijos huérfanos de alegrías. Coge su triste equipaje, se da la vuelta y, sólo camino, no sabía adonde. Nadie le había contado con el suficiente detenimiento que la alegría no es hermana de la desdicha. Y nadie con la suficiente prisa que el tiempo es un extraño pasajero de unas vidas que tienen que llevarlo a horcajadas en renuncia de otras libertades.
Seis días para atravesar la tierra que le separaba del agua, agua de promesa y miedos, miedo y esperanza, agua de sal y aguas de bravuras y fríos, con oscuridades, con peces que preguntaban sin preguntar si ellos serían comida o por el contrario condena a sus existencias, breves y espinadas. Con sus insistencias en boquear el aire del agua, interrogando a las vecinas algas el porqué ellos atravesaban sus dominios sin permisos acordados. Peces, entre promesas de un maná por encontrar y la amenaza de verdugos de la carne muerta, oscura, fría.
Y llegado al final de la tierra que le ocupaba atravesar, contacto con la mafia del transporte de las aguas, dinero inmenso para economía escuálida pero necesitada. Y después de los acuerdos montan en la nave imposible. Casi centenar de hermanos desconocidos que lo serán en la aventura o la desventura que se aproxima. Se elige una noche que rugía en su oscuridad sofocante una negrura inconcebible. Noche que vomita frío de espuma blanca. Y juntos comienzan la marcha, juntos pero solos, solos mas acompañados por historias de los que parecía que no tenían historias. Y comienzan la travesía, olas y quilla, proa y olas, frío y agua que acompañan soledad y miedos a un hambriento y cercano mar que quiere coger sin dar nada, pues de todo quiere y casi nada ofrece.
Nueve días, no se duerme, mojados en la desesperación de estar secos, el miedo no deja cerrar los párpados, la cabeza duele, el hambre sujeta. Un poco de arroz que se cuece con agua en el centro del barco que es hogar y salvavidas transitorio, y poca agua para beber, tan poca que acaba acabándose y da paso al agua de mar que sólo puede ser tomada a sorbos lentos y pausados mientras quema labios con su carga de sales, y mientras el sol, durante los días, no perdona, aplasta como maza de los infiernos. De día, el calor tapa, de noche el frío destapa a las mujeres y hombres y niños que allí moran en cercanía inevitable. Está prohibido enfermar, el que lo haga está condenado, no hay medicinas, ni nadie que sepa curar, ni ganas, ni posibilidades para las curas. Se intenta no sentir, pero claro los que transitan en la barca no son de madera, o de piedra, ni siquiera de metal, son como tú de sangre y huesos, de músculos y tendones, de piel y de esperanzas.
Al cuarto día se escucha en la noche un lamento leve, pero profundo e hiriente, uno de los pequeños deja de ser. La madre le agarra con tanta fuerza que si hubiera estado vivo lo habría matado. Muere de frío, de miedos, de futuro carcomido por la desdicha, y de hambre y de sed de justicia, por la más elemental de las injusticias. Su madre lo llevaba a otro mundo, pero él se adelantó cogiendo su particular atajo. No pudo seguir el procedimiento marcado en ley no escrita de arrojarlo a ese ingrato mar, pues los muertos pesan, aunque sean niños. No pudo, no quiso permitir que su hijito fuera pasto de peces desagradecidos. En su vientre estuvo ocho meses, y fuera de él tres años, dos meses, cuatro días y aunque ella no lo supo jamás, setenta y cinco segundos. El segundo siguiente a éste ya supo el tiempo de un corazón pequeñito, sin vida, atajado por la neumonía, la no comida y la escasa promesa de un futuro para él y su madre, madre rota ya por un dolor de brecha inmerecida.
Al fin se toca la tierra, también de noche para no despertar curiosidades, y al llegar todos, sin excepción alguna, con nervios que ahogan gargantas, bueno todos no, el niño, no. El mar más bravo que nunca golpea las maderas y los huesos con una tierra de promesas en un país nuevo. Unos lloran, otros no lloran, reservan las penas para peores momentos y las alegrías también.
El nuevo camino quiere labrar nuevas vidas. Y al llegar, unos uniformes los reciben, con maneras de bien, el miedo se aplaca, la esperanza de encontrar luz aparece por vez primera, ya están en la tierra prometida.
Horas después algunos podrán dormir, aunque todos podrán soñar, tenían permiso.
Francisco Carrascal Moreno
Miembro del area de medioambiente de la Asociación Progresistas
Red Internacional de Escritores de la Tierra
La Coherencia entre el discurso y la Acción
dic 28
Decía Pablo Iglesias que los partidos políticos no sólo ganaban seguidores por las victorias electorales que se lograban o el número de representantes elegidos en las diversas cámaras sino aún más por la coherencia de esos mismos, la honestidad entre el discurso y acción era para Iglesias uno de los principales baluartes del pensamiento y el desarrollo de las ideas socialistas. Es esta la primera de las ideas de este ensayo que quiero compartir con todos/as vosotros/as queridos lectores/as, la fuerza de la coherencia en la acción política como elemento determinante en todo proceso de transformación y cambio social, económico y político no tiene parangón alguno. Con la coherencia de la palabra y la acción, de la idea y el desarrollo de esta en la práctica se logran construir sin lugar a dudas los liderazgos más sólidos en torno a la figura de aquellas personas u organizaciones que desprenden esa esencia que inexorablemente lleva a la ciudadanía a entender que frente a la coherencia decaen las mascaras de la incoherencia y la falsedad de todas aquellas organizaciones o personas que con la apariencia de una falsa honestidad y coherencia intentan lograr diversos objetivos de interés particular que no general.
Hoy asistimos a una pandemia generalizada en la sociedad y que logra su arraigo más deplorable en los centros de poder : Partidos Políticos, Sindicatos, Empresas etc, me estoy refiriendo al virus de la incoherencia, un virus que inoculado de igual forma en el seno de las estructuras de participación política: Sindicatos y Partidos Políticos, ha herido con una profunda estocada a la democracia, hasta tal punto que el retroceso brutal de la participación política año tras año hace posible la desautorización de la misma por los peligrosos pensamiento totalitarios y fascistas que poco a poco logran su espacio en diversos lugares del planeta.
No ha sido el proceso rápido o instantáneo, sino que el mismo ha sido originado fruto de diferentes circunstancias sociales, políticas, económicas y educativas, determinando que el valor de la incoherencia y la falta de honestidad siempre y cuando sean puestas al servicio de los objetivos de interés particular y a la consecución de los mismos responde a la propia naturaleza de un sistema de distribución de la relaciones socioeconómicas insolidario e injusto en el que se ha convertido nuestro planeta, sistema ante el cual es fácil escuchar a quien señala con sapiencia de salón que las cosas siempre han sido así, siempre han existido grupos sociales o sociedades más favorecidas y aquellas que por el contrario lo han sido mucho menos.
Y de esta forma gran parte de la estructura socialista del Siglo XIX y XX ha ido sucumbiendo poco a poco en las arenas movedizas de la incoherencia entre discurso y pensamiento y acción política, siempre anteponiendo a dicha coherencia un interés particular de una nación, región o territorio. De esta forma poco a poco se fueron abandonando aquellas proclamas que gritaban “Proletarios del Mundo Uníos” y buscaban la internacionalización de la acción socialista para lograr la justicia social en cada lugar del planeta por otras que proclamaban la sociedad del bienestar y la justicia social para unos pocos.
De esta forma se iniciaba a mediados del Siglo XX con este pacto de ignonimia el inicio de la incoherencia entre discurso y acción socialista, el libre mercado y el pensamiento neoconservador eran de esta forma libres para la gestión económica del mundo con las únicas reglas de respetar en los países del llamado primer mundo el sistema de bienestar y servicios públicos generales para toda la ciudadanía. A cambio de este pacto no escrito , el pensamiento socialdemocrata inicio una política internacional de acciones ambiguas que en ningún caso buscaban la resolución concreta de los problemas del mundo de tal índole como : La Pobreza, La Explotación Laboral, La Falta de Recursos Hídricos o el colonialismo voraz capitalista entre otros , problemas que sólo encontraban y aún encuentran el eco el organismos con tan poca acción ejecutiva como la FAO , el FMI o la ONU, organizaciones de cara a la galería que en nada o poco contribuyen a la resolución de los problemas reales de los más de 5.000 millones de personas que día tras día pasen hambre en el mundo.
Pero no sólo la falta de coherencia en la acción política es un virus que actúa en la esfera internacional, el mismo también lo hace en la escena política nacional , provincial, regional o local. Y es este hecho el que esta logrando el discenso entre la sociedad civil y los partidos políticos socialistas. Asistimos de esta forma a una perdida de confianza de la ciudadanía en la clase política, perdida de confianza que en el caso de los partidos socialistas o progresistas se ceba en mayor medida al ser los votantes de los mismos bases que exigen una coherencia extrema y una lealtad a las siglas que se representan y que ante un gesto o un hecho concreto que suponga una ruptura de esa relación de confianza actúan inmediatamente con un alejamiento de los partidos políticos, no sólo en los procesos electorales sino también en la afiliación a sus estructuras como herramientas estas de transformación social, política y económica. Asistimos pues a una doble realidad por un lado a una transformación en el flujo de participación de los movimientos progresistas en torno a organizaciones sociales como ongs, Foros Sociales, Asociaciones etc y por otra parte a una acción no participativa e incoherente de aquellos que ven que la realidad que les toca vivir responde a la falta de coherencia y honestidad actuando de esta forma o bien con una apatía ante la participación política activa o pasiva o incluso con una acción activa de ataque frontal al propio sistema de partidos alejando el siempre recurrido refrán popular de Todos los políticos son iguales.
Estos hechos de gran peligrosidad determinan el inicio de una crisis sistemática en los propios procesos de participación pública , crisis que sin lugar a dudas puede ser fácilmente utilizada por una parte por el pensamiento neoconservador para aplicar políticas de recorte de garantías sociales y derechos y libertades y por otra por la ultraderecha que puede ver en esta debilidad de los partidos políticos de izquierda una perfecta vía de penetración para inocular ataques directos al propio sistema de partidos y el modelo de democracia representativa.
De esta forma la falta de coherencia entre discurso y acción política que parecía haber asegurado una sociedad de bienestar en los países del primer mundo aparece en este momento con riesgo a resquebrajarse por la propia respuesta directa e indirecta que la ciudadanía de dichos países ha dado ante esa incoherencia.
El nuevo socialismo tiene ante sí el reto de iniciar una puesta en firme de medidas de carácter interno y externo que posibiliten la visualización de la coherencia entre discurso y acción de los propios partidos progresistas, visualización que debería lograr tres objetivos básicos:
Primero.- La finalización de la ruptura entre la ciudadanía y los partidos políticos progresistas posibilitando un reforzamiento de la propia democracia.
Segundo.- La puesta en valor de la clase política como elemento posibilitador de desarrollo en la sociedad e imprescindible en el propio funcionamiento del sistema democrático.
Tercero.- La regeneración de la participación activa sociopolítica de la ciudadanía en la sociedad.
Por Josu Gómez Barrutia
Miguel Hernandez, La Fuerza de la Palabra
dic 17
Cien años cumplirá el poeta , cien años desde que naciera en Orihuela su pueblo y el mío uno de los genios más grandes de la literatura española . Miguel Hernández, un rayo que no cesa , un poeta que como viento fuerte del pueblo pasa volando aún a través de los poros de los hombres y mujeres que le precedieron , y todo ello con la fuerza de un vendaval que todavía hoy nos trae el aroma a naranjo y azahar de su tierra , y los ideales de justicia, libertad e igualdad de sus letras, aquellas que clamaron que no existía cárcel para el hombre ni muralla que acallase su voz. Y es que glosar la vida y obra de un hombre como Hernández no es tarea sencilla ni anodina, en sus palabras , en sus poemas y versos ,en la coherencia de su vida descansan sin lugar a dudas los mejores valores humanos y literarios de una generación manchada por la crueldad de la balas y la sangre de las rosas marchitas. De la vida del poeta podemos poner de relieve cuatro valores , cuatro virtudes que marcaron su vida: tenacidad, compromiso, coherencia y honestidad . Siendo todas ellas fiel retrato de una vida que fueron para Hernández muchas vidas, de un camino que fueron muchos para el poeta. De una existencia que fue siempre un eterno viaje entre el amor a su pueblo , a sus amigos y a su esposa y el compromiso ante sus ideales políticos, culturales y humanos. Miguel Hernández , nació un 30 de Octubre del año 1910 en una familia ganadera y humilde de la Huerta del Segura, y sería este entorno de luna, estrellas y atardeceres entre la naturaleza viva los que marcarían buena parte de su primera etapa poética, esa que nacío a la sombra de los arboles vetustos y centenarios de la campiña de Orihuela en los que Miguel se recostaba mientras cuidaba de sus ovejas y bailaba con las musas. Y es que Hernández fue ante todo un autodictada , un amante de la aventura del saber, de las letras, de aquellos versos clásicos de Virgilio y del Siglo de Oro Español que le acompañaron en su juventud, de la genialidad de Calderón de la Barca, de la ironía de Gongora y el sarcasmo de Quevedo o de las estrofas de Machado y Juan Ramón que su buen amigo Ramón Sitje le descrubrio en sus largas charlas y tertulias literarias al abrigo del horno de los hermanos Fenoll ,cómplices tertulianos en este aventura mágica del conocimiento , y es que Sitje fue mas que un amigo para Hernández, seguramente fue él ese hermano mayor que velaba lo sueños del poeta alicantino , ese compañero infatigable de sueños que animaba con la elocuencia de un sabio griego cada uno de esos momentos en los que el pesimismo embargaba al poeta tras su primer viaje a Madrid en donde el triunfo le fue esquivo, y todo ello aún cuando en el corazón de Sitje existía el temor real de perder a Hernández de su lado. Fueron estos tiempos para el poeta espacios de reflexión sobre su obra y su propia vida , pensamientos sobre el futuro que le asaltaban en los paseos largos por su Orihuela, y en donde sin planearlo el amor le sobrevino de la mano de una mujer de mirada profunda y dulce gesto cuyo nombre pasaría a la historia junto al poeta; Josefina Manresa. Empieza de esta forma para el escritor un nuevo tiempo creativo que le llevará a escribir una obra ,un auto sacramental que bajo el título Quien te ha visto y quien te ve y sombra de lo que eras le servirá a la postre para abrir a su genialidad las puertas de la capital de España. De esta forma y tras la publicación de dicho auto en la prestigiosa publicación Cruz y Raya , el poeta volvería a Madrid en la primavera de 1934 en busca del éxito literario. Éxito que en esta ocasión abrazaría al poeta, en este nuevo tiempo Hernández empezaría a tejer amistad con otros escritores y poetas de su época que marcarían un antes y un después en la literatura española del Siglo XX , participa de esta forma el poeta en diversas tertulias literarias junto a Altolaguirre, Alberti, Cernuda, Delia del Carril, María Zambrano, Vicente Aleixandre y Pablo Neruda. Si bien aún rodeado de dicha compañía la soledad de la gran Metrópolis sería una difícil prueba vital para el joven campesino de ojos grandes y pantalones de pana que con nostalgia recordaría a cada momento la tranquilidad de su Orihuela y de sus seres queridos. De nuevo un contraste en su vida , de una parte el éxito de su obra y de otra la nostalgia de su tierra, de una parte el inicio de una nueva etapa cargada de poesía social y de otra el alejamiento intelectual de su amigo del alma Ramón Sitje. Y es que el poeta de la eterna Elegía inicia en este tiempo un nuevo camino cargado de compromiso progresista, de esta forma Hernández participará durante estos años activamente en proyectos de tanta índole como Las Misiones Pedagógicas, misiones que creadas desde el Ministerio de Cultura del gobierno de la segunda república tendrán como objetivo llevar la cultura a cada rincón de la geografía española. De esta forma y mientras participa en dicho proyecto continuara con su incesante publicación de poemas que impregnados por la influencia de autores como Alberti y Neruda se cargaran de trasfondo político y revolucionario en pos de un mundo mejor, entiende Hernández que la palabra y la cultura es la mejor herramienta de transformación social que se puede aportar a la sociedad, a través de ella se liberan las cadenas de la conciencia y las vendas de la ignominia . Con el estallido de la Guerra Civil en 1936 Miguel Hernández tomara parte activa en defensa de la República y de los valores de progreso, igualdad ,justicia social y libertad en ella encarnados , de esta forma el poeta participara en calidad de comisario cultural en el conflicto y estará presente en diversos frentes como Boadilla del Monte, Pozuelo, Alcalá y Jaén en donde hará de su voz y su creación literaria un instrumento de lucha contra el fascismo. Durante este tiempo de su pluma nacerán obras como Vientos del Pueblo y el Hombre Acecha, que cargadas de ideología progresista servirán para enmarcar una etapa de compromiso , coherencia y honestidad en la que el poeta pondrá su vida a disposición de un ideal de futuro mejor, justo y en donde la igualdad y la libertad sean una máxima en España. Por desgracia, estos deseos se verían truncados con la derrota del ejercito republicano , empieza para Hernandez así una huida hacía el exilio, un viaje con el único equipaje de un reloj de oro regalo de su amigo Vicente Aleixandre como presente de bodas y dos de sus libros , un escape a la muerte segura de un régimen que saludaba a los intelectuales progresistas con una bala en el pecho y una fosa común como ataúd eterno. Pero este último viaje del poeta, sería un viaje truncado y así nunca una vida valió tan poco como el peso de un reloj de oro que delato al poeta cuando se disponía a cruzar la frontera de Portugal. Empieza de esta forma para el poeta una larga perenigración por diferentes cárceles: Sevilla, Madrid , Ocaña o Alicante acogen su cada vez más débil cuerpo que magullado por la nostalgia y la soledad de las frías paredes de los penales se va poco a poco consumiendo como una vela , como un pájaro que sin libertad acalla su canto entre los barrotes de su celda. Así y mientras las flores de la primavera de Orihuela anunciaban una nueva primavera murió el genial poeta, de ojos quemantes y rostro de España , el campesino de mirada profunda y corazón idealista que hizo de la poesía un arma de transformación y de progreso y de sus sueños un ideal que aún hoy sirve de ejemplo para las generaciones que le precedimos.
